La primera piedra

24 de Junio 2017
 Luís Mariano de Larra
La primera piedra
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Muchas veces es fácil tirar la primera piedra, pero ¿qué pasaría si miramos con ojos de misericordia?

¡Era el tiempo en que sin nombre 

se celebraba en el mundo
el sacrificio fecundo
de la Redención del hombre!

En que se ignoraba el bien
que la humanidad lograba;
y en que el Dios hombre vagaba
en torno a Jerusalén.

Un día en que el Redentor
cerca a la ciudad andando,
cual siempre iba predicando
la caridad y el amor,
sordo rumor popular
sus oídos llegó a herir,
cual suele a veces rugir
desde sus antros el mar.

Una mujer acosada,
por la turba perseguida,
la vista desvanecida,
la cabeza destrozada,
llegó en alas del terror,
pobre ante tanto enemigo,
buscando amparo y abrigo
a los pies del Redentor.

-«¿Qué hacéis y por qué intentáis
castigar a esta mujer?
¿Cuál pudo su crimen ser
cuando así la amenazáis?»-
-dijo, y la turba más fiera
al ver la presa escapada,
a una voz, lanzó agitada
su acusación justiciera.

-«No la acojas; no has de oír
su congoja aunque te llame;
es adúltera esa infame,
es nuestra y debe morir!».

-Miró Jesús a la impía,
alzó los ojos al cielo,
cogió una piedra del suelo
que cerca de sí tenía...
Y... «¡es justo! dijo, calmando
la tempestad con su acento,
dadle el castigo al momento
que ella presiente temblando.

La justicia de la tierra
cumplid, aunque es implacable.
¡Comenzad!... ¡Que el impecable
tire la primera piedra!

(Pausa. Todos bajan la cabeza.)

Los brazos no se movieron,
los ojos no se miraron,
todas las bocas callaron,
todas las piedras cayeron:
alzó la mujer su sien...
¡la turba se desbandó!!!...
y... Jesucristo siguió
su marcha a Jerusalén.

 

 

 

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